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El cosmos para Mariola es el espacio del paisaje sin obstáculos, es su entorno; en él, la persona está ausente, tal vez porque cuando el tiempo empaña las épocas, cuando el recuerdo se arremansa, ya no hay rostros, ni figuras, ni cosas, sino es única sensación de haber transitado por el mundo. En sus cuadros, nosotros nos miramos, pero no hay rostros que se miran o nos miran. Si nadie nos observa – porque los paisajes carecen de ojos -, no es menos cierto que estos paisajes pueden presentar espacios en los cuales la luz aparece como focal, como un ojo que nos ve o nos espía. Es que al principio del tiempo y al final de él, se halla la luz de la retina, una luz blanca, como síntesis de todos los tiempos vivenciados y, a la vez, como símbolo de esa experiencia interior que desea una transparencia mística.”

Juan Manuel Rodriguez L.